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Trabajo en terreno en los viñedos.

Fuente Revista del Campo de El Mercurio

El viraje ecológico de las viñas

Una red de ecólogos trabaja con bodegas como Errázuriz, Emiliana y Concha y Toro para preservar los recursos naturales y potenciar la biodiversidad. La iniciativa genera beneficios productivos y comerciales. A largo plazo, la idea es plasmar todo en un sello que vaya en las etiquetas de los vinos.   

Por Andrea Tapia Mayer

"Unhotspot. Así definiría el lugar", comenta Gerardo Leal, viticultor de Viña Errázuriz, tras pensar cómo definir a la quebrada La Leona. La zona, situada en Quillota y que se extiende desde los 165 a los 515 metros sobre el nivel del mar, es un lugar de conservación de más de 100 hectáreas de Arboleda, del grupo Errázuriz. Allí conviven especies vegetales, muchas de ellas endémicas como los bellotos o los naranjillos. También algunas aves como los rayaditos o el churrín del norte, presentes sólo en lugares como ése, con mucha vegetación arbórea. Por todo eso, definir al lugar en un par de palabras es casi imposible. Sin embargo, el concepto que eligió el viticultor no podría haber sido más exacto. Un hot spot alude a lo que es esta quebrada: un "punto caliente" de biodiversidad.

La zona se ganó esa definición no sólo por su abundante flora y fauna, sino también por las acciones estratégicas que se realizan para potenciarlas. Cuenta con senderos de indagación para explicarle a los visitantes de las viñas, de forma didáctica, las características y las ventajas de cada uno de los recursos que hay allí. También tienen inventarios de biodiversidad donde registran cada una de las especies del lugar y han instalado estaciones meteorológicas que ayudan a predecir los efectos del cambio climático en los terroirs y así estar alerta a sus consecuencias.

La idea nació del proyecto Vino, cambio climático y biodiversidad, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), en el que trabajan científicos chilenos dedicados a la ecología, promoviendo la protección de la biodiversidad de los ecosistemas mediterráneos, que concentran cerca del 50% de las especies de la flora y fauna vertebrada del país, impactados por la actividad humana. Financiados por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), brindan capacitaciones gratuitas y proponen acciones estratégicas, como las gestionadas en La Leona, a quienes quieran ser parte del proyecto.

"El objetivo científico es comprender cómo los ecosistemas naturales que están alrededor de las viñas proveen servicios ambientales a la industria vitivinícola y a la comunidad de los alrededores, en un contexto de impacto entrópico y cambio climático", dice Olga Barbosa, académica de la U. Austral y directora del proyecto del IEB.La preocupación de los científicos por el medio ambiente se debe a que sienten que hay que apoyar la mantención de los recursos del planeta. De lo contrario van a desaparecer. Y dado que la industria vitivinícola cuenta con muchas áreas verdes donde conviven cientos de especies, lo que es un enorme potencial ecológico que puede ser preservado con simples medidas, sintieron que había que rescatarlo.
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Dra. Olga Barbosa, académica de la Facultad de Ciencias de la UACh.

Por el momento, Arboleda es la única donde se ha establecido un área de conservación para fomentar los servicios ecosistémicos en el país. Sin embargo, hay otras bodegas que se han sumado a la iniciativa y están estudiando el tema con los expertos del IEB para generar proyectos futuros. Entre ellas, Concha y Toro, Emiliana, Montes, Cono Sur, Garcés Silva (Amaina), Altair, Caliterra y Seña, las dos últimas también del grupo Errázuriz. Entre todas, habría un potencial de conservación de tierras estimado en 4 mil hectáreas, según datos del IEB.

Estrategia país

Hay quienes aseguran que el proyecto que mezcla vino, cambio climático y biodiversidad podría implementarse a nivel nacional, incorporando a todas las viñas y así vender una imagen país de compromiso con el medio ambiente. Por esta razón, el IEB está en conversaciones con Vinos de Chile para ver cómo gestionar una alianza y así trabajar en conjunto. La idea no es nueva. Wines of South Africa ya incorporó el concepto a nivel país como una forma de lograr una ventaja comparativa. Aunque las ganancias no se traducirían en más plata, sino en logros, como consolidar o abrir nuevos mercados, además de obtener rentabilidad social.

"Lo que demuestran los estudios sudafricanos es que no se vende más. Lo que sí se ha visto es que se accede a nuevos mercados a los que antes no se llegaba o bien se puede permanecer en otros por más tiempo. Trabajar en estas materias va a volverse un requisito. Al principio nadie velaba por las huellas (del agua o de carbono), hoy no puedes negociar con algunas empresas si es que no las tienes. La rentabilidad no es en plata, es social. Aunque también puedes ocupar la estrategia en un logo y que vaya en las etiquetas. Por eso elegimos el vino, al mercado de la papa le da lo mismo", sentencia Barbosa.

Lo cierto es que el tema de la biodiversidad permite obtener rentabilidad social siempre y cuando se generen estrategias de márketing que sean capaces de comunicarla. En ese sentido, y tal como plantea la científica, una propuesta es que las viñas promuevan este concepto mediante un sello que caracterice a la iniciativa y se plasme en las etiquetas de los blends y así, los que lo tengan, cuenten con valor añadido. Ya tienen el diseño y se está trabajando en aspectos legales que permitan difundirlo. Apenas eso esté zanjado podría ir en los vinos que produce Errázuriz. Al mismo tiempo, el IEB está pensando transformar el proyecto en una certificación, imitando el modelo que implementó Vinos de Chile con su código de sustentabilidad, que planea concluir el 2012 con 40 compañías inscritas, indican.

Ventajas desde la experiencia

Gerardo Leal explica que las ventajas productivas de fomentar los servicios ecosistémicos en una viña son varias. Entre ellas, una menor presencia de plagas y enfermedades gracias al equilibrio que aportan los bosques en conservación; un menor ataque de las aves a las uvas, pues al tener un sistema biodiverso hay una mayor variedad de pájaros rondando en los predios, lo que genera un control de 'aves sobre aves'. Eso es vital, pues se estima que un 30% de los daños en frutas se generan por este fenómeno. Y por último, se ayuda a conocer los efectos del cambio climático gracias al aporte de las estaciones meteorológicas y su análisis mediante modelos. Así, se ha podido determinar que las temperaturas aumentarán en algunas zonas de Arboleda, por lo que ya se está estudiando cómo se tratarán.

Aunque darse cuenta de todas estas ventajas fue algo que requirió varios pasos.
"Lo primero fue entender qué es lo que teníamos. Cuando identificamos eso, el otro paso fue ver cómo lo potenciábamos asociándolo a los vinos. Se ha ido consolidando en la creación de un sendero de ecoturismo con estaciones que trabajan con una metodología de indagación y así los visitantes pueden ir descubriendo cuál es la realidad del bosque y las interacciones entre plantas y animales y su relación con el viñedo. Esa relación está descrita y nos queda implementarla", asegura Leal. Los otros pasos a seguir por parte de la viña serán comunicar el proyecto, "porque una iniciativa así merece darse a conocer", dice el experto. Eso pretende lograrse mediante una campaña de márketing, que hasta el momento no han hecho porque están esperando que el sello sea aprobado.

Algunos obstáculos

Para las viñas, la idea de mezclar agricultura, viticultura y ecología aún sigue siendo nueva y, por lo mismo, ha sido difícil para los investigadores del IEB explicarles de qué se trata el proyecto y de los beneficios que puede acarrearles llevarlo a cabo, sobre todo cuando no son necesariamente monetarios. Además, el hecho de que sea 'gratuito' les provoca suspicacia, pues nadie está acostumbrado a recibir ayuda así como así.

"En este camino, nos hemos visto enfrentados al hecho de que la gente no está acostumbrada a trabajar con ecólogos. Se confunde lo que es eso con ser ecologista. Por ello, gran parte del trabajo ha sido generar confianza en que llegue un científico a dar capacitaciones gratuitas y sin ser gringos, ya que todo lo de afuera se ve mejor. Entonces hubo que adaptar el vocabulario. Yo aprendo de viticultura y ellos de ecología. Y así llegamos al concepto de servicios ecosistémicos", enfatiza Barbosa.

Otro asunto que se ha prestado para confusiones es el hecho de que la idea es mantener los ecosistemas que hay en las mismas viñas, mediante la proporción de herramientas adecuadas, y no así crear nuevos. Además, se ha tenido que enfatizar que el objetivo tampoco es crear 'parques nacionales' que sean intocables, "sino simplemente hacerles ver que los bosques que poseen las viñas no son un 'cacho', sino una fuente llena de recursos", concluye la especialista.
 Una red mundial

Los miembros del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) son parte del Vine Ecology Group, una red de científicos dedicados a la ecología donde, además de chilenos, hay sudafricanos, australianos y estadounidenses. Su objetivo es potenciar los servicios ecosistémicos presentes en la industria del vino de distintas partes del mundo. Aunque podrían haber escogido otro sector para fomentar, porque lo suyo es la ecología, eligieron el de los vinos porque tiene más "cuento". Así, se reúnen una vez al año para comentar los avances de los proyectos llevados a cabo en esos países.

El texto además fue difundido en el portal argentino Agro Meat



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