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Dr. Humberto González junto a otros investigadores.

Experimento en el Atlántico Sur Continúa Entregando Información

*Los científicos intentaron limpiar la atmósfera de CO2 y se terminó por aumentar el alimento de las ballenas.

A través de una publicación en El Mercurio del viernes 31 de julio, el experimento Lohafex en aguas del Atlántico sur continúa entregando información a la ciudadanía. Allí se indica que la fertilización con hierro podría ayudar al repoblamiento de especies marinas, ya que los científicos intentaron limpiar la atmósfera de CO2 y se terminó por aumentar el alimento de las ballenas.

El Dr. Humberto González del Instituto de Biología Marina, Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile, indica que La expedición a la Antártica fue realizada entre enero y marzo, por un grupo de investigadores procedentes de tres continentes. En la publicación explica que crear un "parche" con cuatro toneladas de hierro de 300 km2 al interior de un remolino oceánico en la Antártica fue una tarea titánica para los casi 50 científicos que estuvieron a bordo del rompe-hielo alemán B/C Polarstern. El propósito fue también de grandes dimensiones: secuestrar CO2 de la atmósfera y así validar una poderosa herramienta para mitigar el calentamiento global.

El experimento

La investigación se realizó en aguas internacionales del Atlántico donde abundan los remolinos de agua, columnas líquidas de 10 metros de diámetro que giran en el sentido de las agujas del reloj. El Dr. Humberto González fue el único chileno a bordo y cuenta que estas estructuras se forman en toda la corriente circumpolar Antártica y son vitales para mantener "estable" el hierro. "Sin ellas el mineral decantaría en el fondo o se esparciría en el océano".

La fertilización de hierro se logró en medio de una zona conocida por ser el paso de todos los frentes que se generan en la Antártica. "Había olas de hasta 10 metros y vientos de 120 km por hora", recuerdan los investigadores.

Resultados no proyectados

Los resultados del Lohafex (hierro en indio) estuvieron lejos de lo proyectado. El hierro logró estimular el crecimiento de fitoplancton (microalgas), que juega un rol clave en la regulación del gas invernadero CO2 . "Las microalgas duplicaron su biomasa en las primeras dos semanas, indicó el Dr. González. Y sí capturaron dióxido de carbono, pero no en las cantidades esperadas".

¿La razón? El fitoplancton comenzó a decrecer. De acuerdo con el jefe científico del experimento, Víctor Smetatake, del Alfred Wegener Institute (Alemania), "para sorpresa de todos el parche fertilizado con hierro atrajo a un gran número de predadores del zooplancton (microorganismos) del grupo de los anfípodos", precisa.

Este resultado, agrega el Dr. González, es de particular interés debido a que la biomasa de zooplancton en el parche fue similar a la del krill de aguas más al sur. Esto abre una nueva línea de investigación de la fertilización de hierro y el posible repoblamiento de especies como la ballena en zonas donde escasea el alimento.

Publicación de El Mercurio completa

Carla Sepúlveda Campos
Periodista
Facultad de Ciencias
Universidad Austral de Chile
E-mail:
carlasepulveda@uach.cl


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